Desde que empezó la crisis varias organizaciones, entre ellas los sindicatos, han recurrido a la movilización del pueblo, sobre todo de los jóvenes, ya que ellos son los más afectados por esta crisis. Debido al escaso éxito de las movilizaciones organizadas han tachado a la sociedad española de aborregada, vaga y poco comprometida y dando a entender que nos merecemos lo que tenemos porque no luchamos para que se cambie.
En el comienzo de la crisis se dijo que lo que había fallado es el sistema capitalista y que para recuperarnos de un golpe así sería necesario cambiar la sociedad actual, transformarla y hacerla más acorde a las necesidades de los ciudadanos. Este es el cambio que reivindica el Movimiento 15-M, cambiar la forma de tomar decisiones, que la responsabilidad de decidir recaiga más en la población y no en sus representantes y que de esta forma, todo sea más real y justo.
Me apena ver como muchos de los colaboradores, tertulianos y periodistas que hace unos meses decían que era necesario un despertar de la juventud ahora digan que son unos cuantos hijos de papá que no tienen otra cosa que hacer que irse de botellón a la Puerta del Sol, o que lo que se quiere evitar es una victoria aplastante del PP. Esta reivindicación no va dirigida a un sólo grupo de gobierno, ni siquiera a la clase política, esta reivinciación es la llamada a una revolución social, a la petición de un cambio de toda la sociedad española y no sólo (aunque sí en gran medida) a los dirigentes.
Parece que la forma en la que se han manifestado, siempre pacíficamente, los ciudadanos de países árabes, ha calado y no sólo en Oriente Medio, se quiere un cambio desde la misma sociedad y no impuesto por los que provocaron, consintieron o contribuyeron a la crisis.
Imagen tomada de: rtvcyl.es